CARISMA Y MISIÓN
Nuestro carisma de Misioneras Hijas del Calvario nace de la contemplación de Cristo en la Cruz. De esta experiencia surge en nosotras, desde el amor y la gratuidad, el compromiso de servir a la humanidad a la que Cristo ama, y de entregarnos a la misión a la que Él se entregó.
Este espíritu y carisma hacen posible el servicio a los pobres, en los diversos campos de educación, obras de asistencia, promoción humana, trabajo pastoral y en cualquier otra actividad donde lo reclame la caridad y el bien del prójimo. Por ello, las hermanas desarrollarán la actividad apostólica en una pluralidad de formas que respondan a las necesidades reales de los grupos humanos tanto en iglesias de larga tradición cristiana como en iglesias de situación misionera, como la misión “ad gentes”.
“Toda la misión de las hermanas debe ser evangelizadora. Su objetivo fundamental será hacer presente entre los hombres el mensaje de salvación y como apóstoles del Misterio Redentor, difundir por todas partes el conocimiento y devoción a la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.” (cfr. DE 31)
NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES
María, que siempre estuvo unida a la persona y a la obra de Jesús desde la Encarnación hasta la Muerte y Resurrección, es para las hermanas ejemplo vivo de participación en el Misterio de la Redención. Fue al pie de la Cruz donde Jesús la proclamó Madre de la Humanidad. A Ella aman las hermanas con amor filial y se empeñan en dar a conocer su maternidad universal y su actitud de mujer fuerte que en el dolor fue fiel a los planes de Dios.
La imagen de María Dolorosa debe reinar de continuo en nuestros corazones. La invocación a esta Madre del dolor es la que continuamente debe brotar de nuestros labios, de tal modo que, cada Misionera Hija del Calvario sea como un heraldo que pregone por todas partes la devoción de los dolores de María; que hagamos comprender al mundo que fue al pie de la Cruz donde ella se constituyó Madre de la humanidad, al recibir a los hombres y mujeres como herencia de los labios mismos de su Hijo moribundo.
Por lo mismo, es en la advocación de sus dolores donde todos deben reconocerla como Madre y tributarle los homenajes más fervientes de gratitud y filial amor.