Directorio Espiritual

 

La espiritualidad que impregna todo el pensamiento de las fundadoras y fundador, nace del Misterio de la Redención, en concreto del amor de Jesús en su pasión y muerte que revela el amor del Padre por la Humanidad y hace realidad el Plan de Salvación.

0. Escuela Religiosa donde deben formarse y educarse  todas las Hermanas del  Instituto de las “Hijas del Calvario”, para que animadas de un  mismo espíritu e  impulsadas por él se distingan en todas partes, obrando cual si fueren una sola, viviendo una misma  vida y produciendo por doquier los mismo frutos.

1. Los Estatutos de las Hijas del Calvario tiene su base  sólo en el Santo Evangelio de Nuestro Señor  Jesucristo. Sus preceptos y consejos se dirigen a la  observancia de los deberes del cristiano que son:  cumplir en toda su plenitud y guardar con toda  fidelidad las obligaciones que dimanan de la  sublime virtud de la Caridad en estos fundamentales  principios de nuestra sagrada Religión, <<Amar a  Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a  nosotras mismas>>. Es decir, cumplir con perfección  el precepto impuesto por el mismo Dios y amarnos  mutuamente como Jesucristo nos ha amado.

2. Esta virtud de la caridad, primera y principal entre  todas, según la expresión del Apóstol, “Major  autem eorum est Charitas”, obliga a todas las Hijas  del Calvario a despreciar todas las cosas para Amar  a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con  todas las fuerzas, y al prójimo por Dios; de tal modo  que esta caridad en acción debe tener para las Hijas  del Calvario un fin primordial y  absoluto que es el  mismo Dios; otro secundario y relativo que son los  prójimos y por consiguiente dos actos distintos entre  sí aunque no diversos; uno interno que naciendo del  corazón domine todo su ser y sea el móvil de todas  sus acciones refiriéndolo todo a Dios por el amor;  otro, fruto del primero que naciendo de ese mismo  Amor Divino se traduzca al exterior manifestándose  en  el amor al prójimo, es decir, en la práctica de la caridad.

3. La Hija del Calvario debe estar siempre unida con  Dios por medio de la oración, la mortificación y  todos los actos de la vida interior y a la vez debe ser  infatigable en la vida activa, abrazando la  abnegación y el sacrificio en los actos de la caridad  haciéndolo todo por amor a ese Dios que es el único  centro de su corazón.

4. De aquí se sigue que son dos los caracteres que  constituyen esencialmente la vida de las Hijas del  Calvario a saber: la meditación en el retiro en la cual  el alma aprende a vencerse a sí misma, a renunciar a  todo y a  amar a Dios con perfección,  fortaleciéndose y ejercitándose en todos estos actos  y en la práctica de todas las virtudes; y los actos  externos de la caridad en acción por medio de los  cuales se consagra la Hija del Calvario al servicio de  sus semejantes, siendo estos actos emanación  preciosa de aquellas virtudes santas en que antes se  ha ejercitado y que ha aprendido al pie del altar en  su  comunicación con Dios y fruto de aquella semilla  de  virtudes que en el santo retiro cultivará en su  alma.

5. Debe la Maestra de Novicias esforzarse desde sus  principios en arrancar del corazón de las jóvenes  confiadas a su cuidado todas las costumbres,  pensamientos, afecciones y resabios que trajeron del  mundo y poco a poco ir formando esas almas en la  escuela de la perfección combatiendo y destruyendo  sus afectos y malas inclinaciones y sembrando en  ellas el germen de las virtudes en las que por medio  de pruebas más o menos fuertes, según el espíritu de  sus novicias, debe todos los días ir ejercitando, hasta  lograr alcanzar en sus almas este espíritu que es el  característico de las Hijas del Calvario: renunciar y  morir así mismas por amor de Dios; y amar y buscar  el sufrimiento como lo amó y lo buscó nuestro  Divino Redentor.

6. Una santa indiferencia para todo, renunciar a los  afectos de familia, a los halagos del mundo, al amor  a la Patria y vencer las repugnancias naturales de la  humana naturaleza, tal debe ser el resultado práctico  de todos estos esfuerzos y trabajos. Cuando el alma  hubiere logrado ya adquirir tan santas disposiciones,  estará el terreno debidamente preparado para  sembrar la santa semilla de la vida religiosa por  medio de la observancia de los votos sacrosantos,  que son los eslabones preciosos que como los clavos  de la Cruz clavan en ella a la Hija del Calvario con  el  Esposos crucificado de su corazón.

7. El voto de obediencia consiste en ese sacrificio  heroico que es el distintivo de la vida religiosa. Por  medio de él damos muerte a nuestro propio juicio y  voluntad sujetándonos ciegamente a los superiores y  caminando sobre las huellas de nuestro Divino  Maestro, que siendo Hombre Dios vivió siempre  sumiso y fue obediente hasta la muerte y muerte de  Cruz.

8. Por lo tanto, cada una de las Hijas del Calvario debe  estar dispuesta con igual gusto y voluntad para  marchar y permanecer en el lugar y cargo que le  señale la obediencia, sin apegar su corazón a tal o  cual nación, a tal o cual casa, a tal o cual Superiora,  o  a tales o cuales Hermanas.

9. Igualmente, debe serle del todo indiferente dedicarse  a la enseñanza y educación de las niñas, al cuidado y  servicio de los ancianos y enfermos, o a procurar la  conversión de los pecadores, pues sabe con certeza  que a cualquiera de estos ministerios que se dedique,  está cumpliendo la voluntad de Dios y haciéndose  grata a sus divinos ojos así debe estar contenta en  cualquier ramo de educación o caridad a que se le  dedicare, pues en cualquiera de ellos puede  encontrar  su santificación y servirle de escala para subir al  cielo.

10. Este espíritu de abnegación, sacrificio y santa  indiferencia, debe ser característico en todas las  Hijas del Calvario, debiendo por lo mismo trabajar  infatigablemente hasta conseguirlo. Esto no es solo  altamente provechoso y necesario para el buen  orden y gobierno del Instituto, sino que dulcifica la  misma vida de las Hermanas, se las hace fácil y  agradable y les evita innumerables disgustos,  contrariedades y sufrimientos.

11. El segundo voto es el de la pobreza. Este consiste en  ese santo desinterés por el cual renunciamos y  despreciamos todas las cosas y riquezas del mundo,  desprendiendo de ellas nuestro corazón para abrazar  una vida oscura, humilde y pobre, sin tener nada  propio, sujetándonos con gusto a las privaciones y  viviendo siempre dependientes de la Providencia  Divina, debiendo ser, por lo tanto, la Santa Pobreza  otro distintivo de las Hijas del Calvario.

12. Ya en nuestras Santas Constituciones está explicado  clara y suficientemente el modo con que las Hijas  del Calvario deben observar y sujetarse al Santo  Voto de Pobreza. Réstanos ahora en estas  instrucciones añadir, que de nada serviría a las  Hermanas tener una vida pobre, privada de  comodidades y aún sujeta a privaciones y sacrificios,  si todas estas cosas no las abrazaran con amor y  verdadero espíritu, sino que sus corazones  estuvieran  apegados a las mismas cosas a las que por razón de  este santo voto han renunciado.

13. Deben afanarse todas mis queridas hijas por ahondar  en sus corazones más y más la virtud de la humildad,  buscando para sí mismas y para su Instituto lo más  pobre y despreciable ante los ojos del mundo que  quizás sea lo más grande y agradable ante los ojos de  Dios. Así sus colegios los abrirán de preferencia  para las clases obreras y menesterosas, sin fijarse  que éstos sean los menos productivos y los que les  proporcionan menos celebridad y satisfacciones.

14.  Nunca deben envidiar que los otros Institutos  tengan más primacía y nombre en la sociedad, pues  la Hija de la Cruz a imitación de su Crucificado  Esposo, no puede buscar en el Calvario las  satisfacciones y la gloria, sino la tribulación y el  menosprecio de que se vio rodeado en el Gólgota  Sagrado Nuestro Divino Redentor. También para  sus personas buscarán y amarán lo más pobre y  humilde, porque si no lo hicieren, su vida que debe  ser de privaciones y carencia de comodidades se les  haría dura e insoportable, perderían todo el mérito  ante los ojos de Dios y no estaría conforme con el  espíritu que es de abnegación y pobreza.

15. Esforzándose en adquirir estas santas disposiciones  y disponiendo sus almas para que en ellas reine la  humildad y el amor la mortificación y privación, es  como cumplirán fielmente con su santo voto y se  harán dignas de que en ellas se cumpla la promesa  de  Jesucristo que dijo: “Bienaventurados los pobres de  espíritu, porque de ellos es el Reino de los  Cielos”.

16. El tercer voto de la vida religiosa es el de la castidad.  Esta es la aureola más hermosa que puede brillar en  nuestra frente; ella es el perfume de nuestra alma, el  tesoro del corazón y la honra del estado religioso.  Hermana del pudor y la modestia, nos rodea de  celestial encanto y al  pasar intacta y limpia entre  los  abrojos de este mundo engañador y cruzar  indiferente por todos los encantos de esa sociedad  que quiere seducirla, venciendo la naturaleza misma  en su carrera, se enaltece a tal grado que su candor  y  grandeza y propio vencimiento embriagan el alma  de  entusiasmo y cautivan el corazón de secreto  encanto.

17. La Castidad es una virtud sublime, hija del cielo que  eleva a la criatura igualándola casi a los ángeles; ella  fue el distintivo más glorioso de la Inmaculada  Madre de Dios, arrebatando por su brillo y esplendor  la mirada del Omnipotente. A esta virtud heroica es a  la que se obligan por voto las Hijas del Calvario; mas  no solo deben guardarla en su totalidad por razón de  su estado, sino infundirla dentro de sus propias almas,  de tal modo que puros y castos sean todos sus  pensamientos, puras y castas  todas sus palabras, puras  y castas todas sus acciones.

18. Obligadas están por lo mismo todas las Hermanas a  ejercer sobre sí mismas y cuanto las rodea la más  estricta vigilancia, no debiendo por ningún motivo  detenerse en recuerdos del pasado de su vida, ni  tener conversaciones, deseos ni ambiciones,  contrarias a esta virtud angélica, pues la pureza es  como un espejo tersísimo que la menor cosa lo  empaña. La esposa del Cordero Inmaculado debe  alejar de sí hasta la mancha más pequeña que la  haga indigna de su Celestial Esposo.

19. Todo cuanto se pueda decir sobre esta materia es  poco para exhortar a las Hermanas a que sean  celosas y delicadas hasta el extremo en adquirir y  practicar la virtud de la pureza y evitar todo lo que a  ella es contrario,  para poder de este modo cumplir,  lo mejor que le sea posible con el santo voto de   castidad que tanto las eleva y las hace tan aceptas a  los ojos de Dios.

20. Sin embargo, no deben ser por esto ridículas ni  gazmoñas en su trato con las personas del mundo,  pues la sociabilidad y la buena educación nunca  están reñidas con la virtud. La conciencia es un juez  severísimo que, desde luego, nos hace comprender  cuáles son las cosas que nos están permitidas y cuáles  son las que debemos evitar.

21. En las santas Constituciones y el Directorio o normas  de conducta está suficientemente explicado todo lo  que con este punto se relaciona y, tan solo me resta  recordar encarecidamente a mis amadas hijas, que  no  se fijen tanto en las exterioridades cuanto en la  limpieza del alma y la rectitud del corazón, pues aquí  es donde deben radicar especialmente la castidad y la  pureza para que ellas sean aceptables y gratas ante los  ojos de Dios.

22. Aunque no obliga por voto a las Hijas del Calvario  la  clausura, deben sin embargo guardarla como todas las  instituciones monásticas, sólo que en ellas, como ya  está explicado, no es absoluta, sino relativa, por razón  a la vida mixta a que se hallan consagradas. Esto las  impulsa a robustecerse doblemente en la virtud y a  redoblar su vigilancia, pues siendo su clausura solo  relativa, están  expuestas a mayores ocasiones y  peligros y tienen que luchar con más tentaciones y  dificultades.

23. La clausura es la llave preciosísima que ocultando  del mundo a las religiosas consagradas a la vida  contemplativa, las esconde para siempre a las  miradas de los hombres y las aleja de todas las  ocasiones y peligros; son éstas como soldados acuartelados que están menos expuestos a los azares  de la guerra.

24. La Hija del Calvario, por el contrario, teniendo que  estar por razón de su ministerio en contacto  continuo con la sociedad y el mundo, debe, como el soldado    al encontrarse en medio del fragor de la batalla,  pelear valerosamente y evitar diestramente el peligro,  pero sin huir cobardemente de él; saber con astucia  evitar las acechanzas y vencer a su enemigo. Las  Hijas del Calvario, procurarán vivir en medio de los  combates del mundo y las luchas de las pasiones,  esquivando las acechanzas y  escudándose bajo el  baluarte de la clausura, que no debe  consistir para  ellas en los altos muros de su convento, sino en la  muralla inexpugnable de su voluntad, que debe  alejarlas siempre del mal, buscando en Dios la  fuerza y la gracia para triunfar de todos sus enemigos.

25. La clausura que todas las Hermanas deben procurar  adquirir es: la clausura del corazón, muerto para el  mundo y vivo solo para Dios; la clausura de los  sentidos, refrenados siempre por la mortificación y la  presencia divina y la clausura de la voluntad, no  huyendo del combate sino rechazando valerosas y  resueltas todo lo que las aparte del bien y las  induzca al mal. En esta escuela deben ejercitarse,  para poder, tranquilas, consagrarse al  cumplimiento  de su sagrado ministerio con santa  confianza y serenidad, pues el que tiene su voluntad  unida con Dios y en El se apoya y descansa, nada  tiene que temer y puede decir con toda verdad con el  Apóstol: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”.

26. La segunda promesa especial que formulan las Hijas     del Calvario al pronunciar sus santos votos, es la de la  Caridad. Esta virtud sublime, raíz y fuente de  todas las virtudes, y que es el pedestal sobre el  que se sostienen estos Santos Estatutos, tampoco  obliga como voto a las Hermanas, pues estarían  expuestas a cometer cada día multitud de faltas contra  ella, ya que la  caridad es “el Amor perfecto de Dios y  el amor perfecto del prójimo”. Obligadas están sin  embargo a ella en la practica esencial y material de  esta virtud, y por lo mismo, deben procurar en su alma  la mayor unión con Dios por medio del amor,  viviendo de continuo en su presencia divina y  teniendo como fin de todas sus acciones el agradarle y  servirle.

27. Deben igualmente evitar con escrupuloso cuidado  todo pensamiento o juicio, toda conversación o  palabra y toda acción que de algún modo pueda  herir al prójimo, lastimando la caridad. Deben  además, las Hijas del Calvario, para cumplir con la  parte esencial de esta promesa, distinguirse siempre  por su unión continua con Dios, la paz y unión  fraterna entre ellas mismas y su disposición para la  abnegación y sacrificio para con los demás.

28. Para el cumplimiento de la parte práctica de su  promesa, deben estar dispuestas, siempre animadas  por la virtud de la caridad, para servir con santa  indiferencia cualquier establecimiento de  beneficencia o ministerio de caridad a que las  destine la obediencia, venciendo toda aprensión,  temor o repugnancia, así como inclinación de  carácter, dedicándose con santa abnegación, guiadas  por la voz de los Superiores, al alivio de los  desgraciados y al servicio de la Humanidad.

29. Por último, el cumplimiento de esta sagrada  promesa, obliga a las Hijas del Calvario a practicar  y a ejercer la caridad en sus verdaderos actos,  amando a sus Hermanas, las religiosas, y a sus  semejantes en general, con ese amor puro y  desinteresado como el Señor nos manda que nos  amemos los unos a los otros, sin desear para ellos lo  que no quisiéramos para nosotras mismas, amando y  considerando a todos como a la imagen de Dios.

30. Alentadas con este pensamiento, se les hará la vida  dulce y se esmerarán en asistir a sus prójimos,  impartiéndoles toda la ternura e interés santo por su  bien, tanto en el orden físico como moral y religioso;  cuidando a los enfermos, amparando a los huérfanos,  ayudando y recogiendo a los necesitados y  desvalidos, convirtiendo a los pecadores,  instruyendo a los ignorantes, educando y cuidando a  los niños, formando y encaminando los corazones  hacia Dios en la escuela de la virtud y remediando  todas las miserias y necesidades de la Humanidad  bajo el árbol frondoso de la Caridad, cuya raíz es  Dios y cuyo término va a perderse en el corazón del  mismo Dios.

31. Otro de los rasgos característicos de las Hijas del  Calvario y que debe formar, por decirlo así, la  esencia de su espíritu, es el amor y devoción  entusiasta y constante de la Pasión y muerte de  Nuestro Divino Redentor.

32. Al elegir el nombre, que entre todos señala a nuestro  Instituto y lo distingue de los otros, es para que de  continuo, al pie de la Cruz, se agrupe un número de  almas que quieran a acompañar a la Santa Víctima  del Gólgota. En ese lugar de tormentos donde se vio  abandonado de todos los suyos, estaban tan solo  tomando parte viva en sus sufrimientos, su adolorida  Madre, el Apóstol Virgen, la pecadora Magdalena y  las piadosas mujeres. Con estos ejemplares  abnegados de amor y fidelidad deben identificarse  las  Hijas del Calvario, vivir con su mismo espíritu y  como ellos, no separarse nunca de la Víctima Divina,  no apartando jamás de su mente el espectáculo  sangriento de la Pasión y muerte del Redentor del  Mundo. Por esto, como Apóstoles del sacrosanto  sacrificio, deben trabajar infatigables por extender y  difundir por todas partes en las almas la devoción a la  Pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

33. No pudo inventar un sacrificio más sublime, más  heroico y más grandioso el corazón de Dios, cual  fue el misterio incomprensible de la Redención; y  no  puede concebirse una ingratitud más monstruosa, más  infame y más incomprensible, que la criminal  indiferencia con que ha correspondido la Humanidad  a ese misterio admirable de misericordia y amor.

34. Como una gota de agua en la inmensidad de los  mares, viene a ser la Congregación de las Hijas del  Calvario en la inmensidad del mundo, pero es  preciso que todas se esfuercen en no participar de  esa criminal ingratitud e indiferencia, y que en  medio del océano de amargura que inunda el  Corazón de Cristo, al ver tan mal correspondido y  agradecido su Sacrificio, aparezca esa gota de  gratitud y de amor en el humilde Instituto de sus  fieles Hijas, que quieren acompañarlo en sus  sufrimientos, proporcionándole un pequeñísimo  consuelo a su Divino Corazón.

35. Por eso la Hija del Calvario no debe buscar para sí,  ni los goces, ni la alegría, ni las satisfacciones, ni las  comodidades del regalo, pues eso no puede  encontrarse nunca al pie de la Cruz. Esta convicción  debe llevarla grabada perpetua y profundamente en  su corazón y así su espíritu debe ser siempre de  mortificación y sacrificio, formándose en esta santa  escuela desde que ingresa al Instituto, permaneciendo  con ese mismo espíritu hasta que baje al sepulcro.

36. Le ayudarán mucho para lograrlo, el meditar todos  los  días en alguno de los pasos de la Pasión y muerte de  su crucificado Esposo; el tener siempre delante de  sus ojos sus sufrimientos y su Cruz; el proponerse  imitarle en sus sufrimientos; y con su amor, gratitud y  sacrificio, dulcificar sus penas y hacer que en medio  de la universal ingratitud, encuentre en su corazón  algún lenitivo y algún consuelo.

37. Cuando esté de guardia en el oratorio, especialmente  durante las tres horas de agonía en que la Víctima  Divina del Gólgota estuvo pendiente de la Cruz,  debe inmolarse a su vez en holocausto, como  víctima de gratitud, de amor y de reparación, por la  inmensa y culpable ingratitud con que ha  correspondido el mundo al beneficio supremo de la  Redención.

38. Que jamás estas tres horas de agonía y  especialmente las <<tres>> de la tarde, que fue la hora  de su muerte, pasen inadvertidas para ninguna Hija  del Calvario en cualquier lugar en que se encuentre  y cualquiera que sea la ocupación que tenga; pues el  corazón y el pensamiento pueden elevarse a Dios de  continuo y estar unidas con El, aunque el cuerpo esté  dedicado al trabajo y nos hallemos muy distantes del  templo. Siempre deben esforzarse en estar unidas en  esa hora suprema en  espíritu a su Celestial Esposo,  agonizante en la Cruz que sacrificó su vida por salvar  a la Humanidad.

39. A las Hermanas venturosas, a quienes toque en  suerte acompañar en sus oratorios místicamente en  estas tres horas benditas al Divino Redentor en su  muerte y agonía, se exhorta de un modo especial, lo  hagan a nombre de todas sus Hermanas de Religión  y de la Humanidad entera, con el más grande fervor  y entusiasmo; ofreciéndose a su vez al Señor, como  ya está dicho, cual víctimas de gratitud, de expiación  y de amor, implorando sobre su Instituto, sobre el  corazón de los pecadores y sobre el mundo entero, los  raudales de la sangre del Redentor y las gracias y  bendiciones de Dios.

40. Natural es que nuestro Instituto se acoja también de  corazón a la devoción del siglo, o bien sea a la de la  Sagrada Eucaristía, cuyo objeto es contrarrestar los  avances horribles de la impiedad y el ateismo y la  inmoralidad de las costumbres en todas sus fases.  Las Hijas del Calvario por lo mismo, se constituirán  en esclavas y adoratrices perpetuas del Sagrado  Corazón de Jesús en el Santísimo Sacramento,  meditando de continuo el amor que Jesucristo nos  manifiesta al quedarse prisionero en nuestros altares,  uniendo esta devoción sublime a los dolorosos  padecimientos del Redentor en el Calvario.

41. A este afecto, las Preladas en sus respectivas casas y  las Maestras de novicias en las suyas, deberán  esforzarse por mantener siempre viva en el corazón  de sus hijas la llama de la santa devoción de que se  viene hablando, de tal modo, que todas las Hijas del  Calvario vivan la vida de la Eucaristía, aprendiendo  al pie del sagrario las virtudes que les son necesarias  para luchar y vencer, e inflamadas en esta devoción  puedan inflamar los corazones, contrarrestando la  criminal indiferencia de los hombres que tan  cruelmente lastiman el corazón de Dios.

42. Otro rasgo característico del espíritu en que deben  formarse todas las Hermanas, es en la devoción  dulce, tierna y entusiasta de la Virgen Santísima,  especialmente en sus dolores al pie de la Cruz.  Como buenas hijas deben tenerla presente de  continuo en el interior de su alma, para amarla,  acompañarla en sus sufrimientos, e imitarla en sus  virtudes, proporcionándole por este medio algún  consuelo o lenitivo a su maternal corazón.

43. Ella debe ser el modelo que tengan continuamente  delante de sus ojos para caminar sobre sus huellas,  el  apoyo que deben buscar siempre en sus aflicciones y  el áncora misteriosa que debe alentar su esperanza en  todas sus luchas y combates.

44. La imagen de María Dolorosa debe reinar de  continuo en sus corazones; el recuerdo o la memoria  de sus lágrimas y sufrimientos debe ocupar siempre  su pensamiento; y la invocación a esta Madre del  Dolor es la que continuamente debe brotar de sus  labios de tal modo, que cada Hija del Calvario sea  como un heraldo que pregone por todas partes la  devoción de los dolores de María; que ellas hagan  comprender al mundo, que fue al pie de la Cruz  donde Ella se constituyó Madre de la Humanidad, al  recibir a los hombres como herencia, de los labios  mismos de su Hijo moribundo, y que por lo mismo,  es en la advocación de sus dolores, donde todos  deben reconocerla como Madre y tributarle los  homenajes más fervientes de gratitud y filial amor.

45. Formada la Hija del Calvario en esta santa escuela  de  amor, de abnegación, sacrificio y santo  desprendimiento para todo lo humano, aspirando tan  solo a lo divino, pasará impasible por el mundo sin  temer sus peligros y sufrimientos, derramando el bien  por todas partes y llevando con sus palabras, sus  acciones y sus ejemplos, las almas hacia Dios.

46. Modelado su corazón en este molde preciosísimo,  que, según lo antes dicho, debe formar a las Hijas del  Calvario, habiendo ya logrado vencerse a sí mismas,  huir del regalo y todo lo que puede halagar a las  pasiones y buscar para sí mismas la cruz y el  sacrificio por amor a Dios, habrán adquirido el  secreto misterioso para dulcificar todos sus  sufrimientos y penalidades, adquiriendo esa santa  indiferencia que las hace estar siempre unidas a la  voluntad divina, logrando con esto gozarse en los  mismos sufrimientos y soportar tranquilas y serenas  todo cuanto de bueno y de malo les pueda suceder.

47. Pasar al lado de la desgracia y de las lágrimas cual  ángeles de consuelo, para aliviar o remediar todos  los  infortunios  de la vida y miserias de la humanidad,  producirá en sus almas una de las satisfacciones más  dulces y positivas que se puede experimentar en la  vida, cual es la práctica del bien y el contribuir a la  felicidad de los demás.

48. Viviendo siempre al pie de la Cruz, regada con la  sangre de la Victima Divina y las lágrimas de su  dolorosa Madre, sentirán germinar en su alma los  preciosos frutos de las cristianas virtudes y al pensar  que su fidelidad y amor al misterio de la Redención  son una gota de bálsamo que suaviza las heridas y  agonías de su crucificado Esposo, se abrazarán con  entusiasmo a esa Cruz sacrosanta y se les harán  dulces sus sufrimientos, pues con ellos pueden dar  una débil prueba de su amor a Aquel que por  amarnos nos dio su vida entera.

49. Con tan bellos sentimientos incrustados en su alma,  con tan santo amor grabado en su corazón y  gloriándose como Cristo en la Cruz y en el  sufrimiento, es como la Hija del Calvario cumplirá  su  misión sobre la tierra.

50. Este es el espíritu que debe animar su vida entera.  Viviendo con su cuerpo en la tierra y su espíritu y su  corazón en el cielo, lograrán ser aceptas a los ojos de  Dios y oír a la hora de su muerte estas dulcísimas  palabras: “Entra, sierva buena y fiel, porque fuiste  fiel en lo poco yo te constituiré sobre lo mucho, entra  a participar del gozo de tu Señor”, coronando sus  sienes en el Cielo con la preciosa corona prometida a  todos los que perseveraren hasta el fin.

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