Consejos o Máximas

Un  regalo  de  nuestra  Fundadora  María  Ernestina Larrainzar para iluminar nuestro  caminar hacia la vía de la santidad.    

 

1°- Que Dios sea el móvil de todas vuestras acciones, no buscando nunca nuestra propia satisfacción, sino lo que a El, le sea más agradable y redunde en su gloria.

2°- Tener en su Providencia Divina una fe ciega y una ilimitada confianza, emprendiendo todo lo que conozcamos que es voluntad suya, sin que nos arredren ni los sufrimientos, no fiándonos en nuestras propias fuerzas, que nada valen, sino en su Omnipotencia, que lo puede todo.

3°- No apartarnos nunca de su divina presencia; y no hacer jamás cosa alguna, que pueda desagradarle, o de la que tuviéramos que avergonzarnos ante la gente.

4°- Combatir en nuestro corazón el egoísmo sacrificándonos por el bien ajeno, procurando ayudar a todos y servirles en cuanto podamos.

5°- Nunca pasar indiferentes al lado de una desgracia, sin procurar remediarla; no por esperar gratitud, ni recompensa, sino por el gusto de hacer el bien y cumplir con el precepto de Dios, que nos manda a ver un hermano en cada uno de nuestros prójimos.

6°- Jamás tener en el corazón ni odio, ni rencor para nadie, por grandes que sean los males y ofensas que nos hubieren hecho; perdonándoles con todo el corazón y procurar olvidarlas, así como Dios perdona nuestros pecados y nos abre amoroso los brazos de su misericordia.

7°- No emprender temerariamente ningún negocio, sin consultar a personas más doctas y experimentadas; sin meditar el pro y el contra de el; y sin contar con los elementos necesarios para emprenderlo.

8°- No contraer nunca deudas sin tener bienes con que responder de ellas y sin tener la certeza de poder pagarlas a su debido tiempo.



9°- Ser esclavas de los compromisos que hayamos contraído, sin faltar jamás a ellos, obrando en todo con legalidad y rectitud; pues esto asegura la tranquilidad de la conciencia y nos hará tener siempre buen crédito en la sociedad.

10°- Por ningún motivo hacer mal jamás o perjudicar a nadie, prefiriendo más bien en casos dudosos, ser nosotras las perjudicadas.

11°- Nunca obrar con precipitación y ligereza, sino tener siempre grabada en nuestro corazón la máxima de la gran Santa Teresa de Jesús: "Pensar antes de obrar y no obrar para pensar".

12°- Evitar la ociosidad como el más peligroso y peor de todos los males, tener siempre el tiempo ocupado y metodizada la vida, siendo contantes en observarla.

13°- Evitar todo aquello que pueda perjudicarnos, tanto en lo espiritual, como en lo social, material y en nuestra salud; pero sin incurrir en exageraciones, gazmoñerías, ridiculeces o aprensiones, que nos harían penosa y difícil la vida, y nos constituirían en una carga pesada y molesta para los demás.

14°- Procurar tener el mayor orden en todas nuestras cosas, siguiendo la máxima de mi gran Padre San Ignacio de Loyola que dice: "Tener cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa". Esto en la práctica es de inmensa utilidad, pues nos evita muchos disgustos y pérdida de tiempo y nos hace encontrar fácilmente todo lo que necesitamos y buscamos.

15°- Obrar siempre en consonancia con la posición social en que Dios nos haya colocado, tanto en nuestro trato, cuando en nuestra casa, traje y costumbres, procurando siempre guardar todas las fórmulas sociales, conservando con el mayor empeño y escrupulosidad el buen nombre, que heredamos de nuestros padres, la buena educación que de ellos recibimos y el natural decoro, honradas y dignas.

16°- Nunca cometer ni en público, ni en privado, ninguna acción que pugne con nuestra conciencia o manche nuestro decoro y buen nombre; y si desgraciadamente nos apartamos de este camino y cometiéramos alguna falta, nunca nos avergoncemos de reconocerla y confesarla, haciendo cuanto esté de nuestra parte por remediar nuestro error y hacer olvidar la falta cometida.

17°- Ser siempre firmes en nuestras resoluciones, constantes en nuestras empresas y leales en nuestros sentimientos, evitando la falsedad y la mentira, que son causa en el mundo de inmensos males.

18°- Siempre que tengamos que elegir o decidirnos en algún asunto grave, no apartar de nuestra vista las tres máximas sapientísimas, que nos dan los grandes maestros de espíritu, a saber:
I- Si una persona muy querida, nos pidiera consejo sobre el caso que tratamos de elegir? Qué le aconsejaríamos?... Pues lo que a ella aconsejáramos es lo que nosotras debemos hacer.
II- Si nos halláramos en el momento de la muerte, ¿qué es lo que sobre ese punto, quisiéramos haber hecho?... Pues lo que entonces desearíamos haber ejecutado, es a lo que nos debemos resolver.
III- Pensar entre dos cosas en que debe fijarse nuestra elección cuál de ellas es más conveniente para la salvación de nuestra alma y cuál la que puede servirnos de obstáculo o dificultad a nuestra salvación; sin vacilar ni un momento, elegir la primera y desechar la segunda.

María Ernestina Larrainzar.
Fundadora.

 

 

 

 

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